Claudia Sheinbaum Pardo, la MVP de la final mundialista
Por Úrsula Viridiana Córdova Morales
Claudia Sheinbaum Pardo iniciaba una nueva aventura en Nueva York, invitada por Donald Trump a la final mundialista, enfrentamiento entre España y Argentina, la presidenta no solo se jugaba un partido más, si no la mirada expectante de una parte de la población que se debatía entre su deseo de debacle, excitados por algún indicio de un desprecio estadounidense por parte de Trump.
La presidenta apareció vistiendo un traje sastre de saco y pantalón de tela crepé color verde botella. Llamaba la atención un adorno minimalista de flor bordada en la solapa, desde que salió de la puerta de cristal del hotel Kimpton Ashbel, y en el pasillo que la llevaba al palco del estadio.
Olivia Trujillo, la diseñadora-modista de cabecera de la presidenta, me cuenta que fue un diseño y confección en colaboración con Thelma Islas, parte del equipo presidencial. Agradecida por la confianza depositada por la mandataria, nos comparte que la presidenta Claudia quería un pequeño detalle, una flor, le mandaron varias opciones, al final Olivia eligió una rosa. La presidenta se vuelve parte de lo que porta, de la imagen que quiere transmitir.

Ya en el Metlife Stadium, aparece de momento en la televisión de varios canales nacionales e internacionales, desde el palco podemos asomarnos a una microhistoria, imaginando, era una historia que generaba muchas expectativas, los ojos del mundo estaban atentos al evento. Diferentes personalidades estaban en el estadio. Además de los líderes de México y Estados Unidos, se encontraba elprimer ministro canadiense, Mark Carney, y el rey de España, Felipe VI.
La oposición en México buscaba razones para criticar la asistencia, los había tomado por sorpresa, como a todos. Fiel a su estilo, lo anuncio bajando la ventanilla del auto en una gira en México, asistiría a la final, como una invitación que implicaba seguir construyendo las relaciones geopolíticas-internacionales complicadas, en un contexto de una narrativa de guerra ideológica/política/económica por parte de los Estados Unidos al gobierno de México. En un campo minado la presidenta salió más que airosa, acompañada de un par de personajes de su equipo cercano y del secretario de relaciones exteriores, Roberto Velasco, logró no sólo mostrar una imagen por momentos de seguridad, con risas/carcajadas, con el presidente Trump y su esposa, además saludando al rey de España.
Sorprendió a más de uno que con proyecciones psicoanalíticas esperaban su fracaso, por medio de burlas, ironías y campañas mediáticas en redes sociales, sin embargo lo que es imposible evitar y es difícil que una narrativa falsa pueda sostener, es la idea del fracaso, cuando en el escenario mundial se encontraba en el centro del estadio, en la zona del pódium acompañando a Trump en la entrega de medallas, sonriente, saludando, disfrutando el momento, México fue cede del mundial y como tal merecía un cierre digno.
Me quedo con la imagen de la presidenta entregando el “Balón de Oro”, el, MVP del partido, al jugador más valioso, ahora esa imagen ya se encuentra perpetuada en la esfera pública, circula en las redes, en los medios de comunicación, la única mujer dirigente de una nación parte de la comitiva de los países organizadores, y así a un lado del polémico presidente Trump, con su traje sastre verde botella, la rosa bordada en la solapa y sus zapatos clásicos (por lo mucho que los usa), y como una especie de proyección de la vida, casi casi por transmutación, parecía paradójica, que la canción desastrosa de la “niña futbolista” parecía que trascendía la ficción y la cursilería de la letra para mostrar a la “mujer futbolista” que salió airosa de un partido más de geopolítica internacional, de la difícil y compleja relación con Estados Unidos y Donald Trump…


