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Calentamiento del mar obliga a transformar la pesca en México

• El posible desarrollo de un “Súper El Niño” durante 2026 agravaría los efectos del cambio climático sobre pesquerías mexicanas.

• Especialistas sostienen que seguir administrando los recursos marinos con modelos diseñados hace medio siglo podría acelerar el deterioro de especies comerciales como el camarón, atún y diversos peces de escama.

Por Daniela Reyes | Adaptación Especial P23

Los océanos dejaron de comportarse como lo hacían cuando se diseñaron los modelos con los que México administra sus pesquerías. El incremento sostenido de la temperatura superficial del mar, la modificación de las corrientes oceánicas y la creciente variabilidad climática están alterando la productividad natural de numerosas especies marinas, obligando a replantear la manera en que se decide cuánto, cuándo y dónde pescar.

A este escenario se suma un factor adicional que preocupa a la comunidad científica: el establecimiento del fenómeno de El Niño, con probabilidades importantes de evolucionar hacia un episodio muy fuerte entre finales de 2026 y principios de 2027, lo que incrementaría el calentamiento del Pacífico y modificaría la distribución de muchas especies de interés comercial. 

El doctor Francisco Arreguín, investigador del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar) del Instituto Politécnico Nacional, sostiene que los modelos tradicionales parten de una premisa que ya dejó de existir: asumir que el ambiente permanece estable.

La productividad de una especie ya no puede considerarse constante. Si el ambiente reduce la biomasa disponible y la pesca mantiene el mismo nivel de extracción, ambos factores aceleran el declive de las poblaciones”, explica.

Efecto del “Súper El Niño

Aunque el término “Súper El Niño” suele utilizarse de manera coloquial, el Servicio Meteorológico Nacional advierte que existe una probabilidad significativa de que el evento actual alcance una intensidad muy fuerte durante el próximo invierno boreal. 

Para México, particularmente para el Pacífico, ello podría traducirse en:

  • Incremento de la temperatura superficial del mar.
  • Migración de especies hacia aguas más profundas o más frías.
  • Disminución del reclutamiento de juveniles en algunas pesquerías.
  • Alteraciones en la reproducción del camarón y otras especies de ciclo corto.
  • Cambios en la disponibilidad de alimento para peces comerciales.
  • Mayor incertidumbre para las comunidades pesqueras que dependen de capturas estacionales.
  • Incremento en la intensidad de ciclones tropicales en el Pacífico oriental y mayores riesgos para la actividad pesquera. 

Manejo que cambie junto con el océano

Frente a este panorama, Arreguín propone abandonar los esquemas rígidos y evolucionar hacia un manejo pesquero adaptativo, donde las cuotas de captura se ajusten cada año conforme cambie la biomasa disponible y las condiciones ambientales.

En otras palabras, si una población disminuye por efectos climáticos, también debe reducirse el esfuerzo pesquero. Si posteriormente el recurso se recupera, entonces podrían modificarse nuevamente las cuotas de captura.

La sostenibilidad ya no puede entenderse como un número fijo; debe responder al comportamiento dinámico del ecosistema”, resume el investigador.

Más ciencia para tomar decisiones

Actualmente el especialista colabora con el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS) en la incorporación de variables ambientales para evaluar las pesquerías de camarón del Pacífico mexicano, recursos del Alto Golfo de California y cerca de 200 especies explotadas por flotas ribereñas en todo el país.

El objetivo es distinguir qué parte de la disminución de una especie corresponde realmente a la pesca y cuál obedece a fenómenos ambientales como el calentamiento del mar, El Niño o las alteraciones de los ecosistemas.

Carta Pesquera que también debe evolucionar

Aunque la Carta Nacional Pesquera ya menciona algunos efectos ambientales desde 2018, Arreguín considera que ello resulta insuficiente.

No basta con reconocer que el clima influye sobre las especies; es indispensable incorporar esas variables directamente en los modelos que determinan las cuotas de captura y las políticas públicas.

Desafío para Sinaloa

La advertencia cobra especial relevancia para estados como Sinaloa, donde la economía costera depende en buena medida del camarón, la pesca ribereña y la actividad industrial.

Un Pacífico más cálido puede modificar la distribución de los recursos, incrementar los costos de operación y reducir los rendimientos para miles de pescadores, precisamente cuando el cambio climático y la posible intensificación de El Niño amenazan con redefinir el comportamiento del mar durante los próximos meses. 

Información tomada de CasaNatura

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