Entre avances legales y silencios culturales, el cuerpo de las mujeres aún es tema de discusión: disfrutar el propio cuerpo sin culpa.
México | 21 de abril de 2026 | Por Valentina Ramírez
Mientras el Estado promueve la planificación familiar con campañas dirigidas a los hombres, hay una conversación que sigue en voz baja en México, casi clandestina: el derecho de las mujeres al placer.
No es un tema frívolo. Es un tema de salud pública, de autonomía y de dignidad.
Y sin embargo, en buena parte del país, sigue atrapado entre el prejuicio, la moral selectiva y una educación sexual incompleta por tradicional y mojigata.
En el marco de la Semana de la Visibilidad Lésbica (26 de abril), la Secretaría de las Mujeres de Sinaloa (SEMujeres) llevó a cabo la charla virtual “El placer como derecho: retos y mitos sobre la sexualidad de las mujeres”, impartida por la sexóloga y activista Andrea Rioseco Sanjuan, con el objetivo de abrir espacios de reflexión sobre los derechos sexuales desde una perspectiva de inclusión y diversidad.
La titular de la dependencia, Ana Francis Chiquete Elizalde, y la jefa del Departamento de Diversidad Sexual, Vicky Ibarra Rojas, coincidieron en la necesidad de visibilizar estos temas históricamente relegados por prejuicios y tabúes.
La sexualidad es un aspecto fundamental de la vida y estos espacios permiten visibilizar temas que muchas veces no se hablan por pena o tabú. Además, lo hacemos en el marco del Día de la Visibilidad Lésbica, reconociendo la importancia de visibilizar todas las diversidades’, señalaron
Por su parte, Rioseco Sanjuan enfatizó que el placer forma parte del bienestar integral de las mujeres y propuso colocarlo al centro de la conversación pública y de los procesos de acompañamiento institucional.

Avances y límites
México ha avanzado en reconocer derechos sexuales y reproductivos: acceso a anticonceptivos, despenalización del aborto en varias entidades, políticas de salud. Pero hay una frontera poco visible: el placer femenino sigue fuera de la conversación institucional.
Se habla de evitar embarazos. Se habla de prevenir enfermedades. Pero rara vez se habla de disfrutar el propio cuerpo sin culpa.
Lo que sí y lo que no
En la mayoría de los programas educativos, el enfoque sigue siendo preventivo.
- Riesgos
- Métodos
- Consecuencias
Pocas veces:
- Consentimiento pleno
- Autoconocimiento
- Derecho al disfrute
El resultado es una paradoja: generaciones con más información, pero no necesariamente con más libertad.
El doble estándar
En lo social, el contraste es evidente: la sexualidad masculina se valida, incluso se celebra; la femenina se regula, se juzga o se condena. Ese desequilibrio impacta en relaciones desiguales, decisiones condicionadas y silencios prolongados.
Salud también es placer
Organismos internacionales han insistido:
la salud sexual no es solo ausencia de enfermedad, es bienestar físico, emocional y social. Negar el placer como parte de esa ecuación es reducir la sexualidad a un trámite biológico.
Punto incómodo
Hablar del placer femenino implica cuestionar estructuras:educación, religión, roles de género y poder. Y ahí es donde muchas instituciones -públicas y privadas- prefieren no entrar.
Editorial P23
Si la planificación familiar avanza hacia la corresponsabilidad masculina con la vasectomía, la siguiente frontera es evidente: reconocer que las mujeres no solo deciden cuándo tener hijos o no tenerlos y también cómo vivir su sexualidad. El placer no es concesión ni tabú. Es parte del derecho a una vida plena. Lo pendiente no es técnico. Es cultural.