- En Tauromaquia, la suerte de banderillas al violín consiste en citar al toro al quiebro para ganarle la cara por el pitón izquierdo y una vez en la cuna de los pitones, con ambas banderillas en la mano derecha, las clava por encima del hombro izquierdo sobre el morrillo del burel, de forma similar a como se toca el violín, Así me hicieron la vasectomía.
Mazatlán, Sinaloa | 21 abril 2026 | Por Mario Martini
Ahora que el gobierno de la 4T anda promoviendo vasectomías gratuitas e indoloras, recordé que no siempre fue así. Hubo un tiempo —no tan lejano— en que someterse a ese trance clínico era más un acto de fe que de medicina, una mezcla de resignación, humor involuntario y precariedad institucional.
En 2008 tomé la decisión cuando la paternidad ya era un capítulo cumplido y la biología comenzaba a cobrar intereses. No fue una decisión heroica, sino práctica: dejar de traer muchachos al mundo después de los 50 parecía, al menos, un gesto de responsabilidad tardía. Lo que no imaginé fue el escenario.
La operación ocurrió en una oficina que hacía las veces de quirófano: expedientes amarillentos, archiveros grises, una lámpara de dibujante como única iluminación y un escritorio mesa quirúrgica. El médico -una especie de rockstar del bisturí- alternaba precisión con humor, como si la intervención requiriera más ritmo que protocolo. A su lado, una joven pasante en su primera faena, sostenía el instrumental con más fe que experiencia.
Intenté huir. No por dolor -aún no llegaba- sino por intuición. Pero ya estaba ahí, agarrado de los gavilanes, atrapado entre la decisión tomada y la imposibilidad de echarse atrás sin perder algo más que dignidad.
Si le corta esa tripa ya no le servirá para madres”, dijo el doctor, con esa pedagogía brutal que sólo algunos especialistas dominan.
No supe si reír o llorar. Recordé la canción de Arturo Castro:
- …Qué debo hacer, vida mía:
no hay solución, no la encuentro;
solo me queda el consuelo
de llorar por dentro…”
Minutos después, el veredicto: “Listo pa’lotra, puede irse caminando”. Y sí, salí caminando con la dignidad tambaleante y la certeza de haber sobrevivido a una escena que hoy sería impensable en cualquier campaña institucional.
Pasaron meses de recuperación y de confirmación: la operación funcionó con eficacia sin más sobresaltos que el recuerdo.
Por eso, cuando hoy escucho la narrativa oficial de procedimientos indoloros, gratuitos y casi exprés, celebro el avance, claro, pero también reconozco que detrás de cada política pública hay historias individuales que no caben en el folleto promocional.
El general sigue funcionando con paciente eficacia sin la congoja de traer más chamacos a este mundo. Gracias a dios la pasante no trozó la tripa equivocada.
EDITORIAL BREVE P23
La política pública presume modernidad, pero la memoria exhibe la brecha. La salud en México avanza a dos velocidades: la del discurso y la de la realidad personal. Cuéntanos tu historia.
Texto del libro A Confesión de Parte de Mario Martini
De venta en: Librerías: El Caracol y Educal Mazatlán
